Los lectores prefieren cada vez más los versos creados por algoritmos como ChatGPT a los escritos por poetas célebres como Shakespeare o Plath. Un reciente estudiar revela que los participantes no sólo son incapaces de distinguir entre poemas producidos por IA y poemas creados por humanos, sino que a menudo prefieren las variantes de IA.
Examinar el diseño y los resultados del estudio.
Los investigadores Brian Porter y Edouard Machery de la Universidad de Pittsburgh llevaron a cabo dos experimentos clave con más de 1.600 participantes. En el primero, presentaron a los lectores una selección de diez poemas, la mitad de poetas de renombre como TS Eliot y Emily Dickinson, y la otra mitad generados por ChatGPT-3.5, cuyo objetivo era imitar estos estilos icónicos. Sorprendentemente, muchos lectores se inclinaron más a creer que los poemas de IA eran creaciones humanas. ¿La ironía? Se consideró que era menos probable que las obras de los poetas clásicos procedieran de manos humanas.
Di queso, escribe un Haiku con la cámara de poesía
En el experimento de seguimiento participaron 696 nuevos participantes que calificaron poemas según criterios como la belleza y el impacto emocional. Esta vez, los lectores se dividieron en grupos: a uno se le informó que los poemas fueron escritos por humanos, a otro se le dijo que fueron generados por IA y el último grupo no recibió ninguna información. Los hallazgos indicaron un sesgo significativo: cuando los lectores sabían que un poema provenía de la IA, lo calificaban más bajo. Por el contrario, cuando la identidad del autor era un misterio, los poemas generados por IA con frecuencia obtenían calificaciones más altas que los de autores humanos.
Brian Porter notó una tendencia interesante en las preferencias de los lectores. «Los resultados sugieren que el lector medio prefiere poemas que sean más fáciles de entender», explicó. Los participantes a menudo interpretaron la naturaleza intrincada de las líneas de poetas famosos como signos de trabajo generado por IA, pasando por alto la intención artística detrás de esas complejidades. Por el contrario, los poemas más sencillos de IA parecían accesibles, lo que llevó a los lectores a malinterpretar su claridad como un indicador del arte humano.
Las evaluaciones de los expertos revelan juicios contrastantes
Investigaciones adicionales realizadas por un equipo de la Universidad UNED de España, junto con el escritor argentino Patricio Pron, produjeron ideas intrigantes cuando los expertos opinaron sobre las historias generadas por IA. Aquí, los autores humanos triunfaron en una contienda juzgada por los críticos, en marcado contraste con los hallazgos anteriores de lectores ocasionales. “La diferencia entre críticos y lectores ocasionales es inmensa”, remarcó Julio Gonzalo de la UNED. Hizo hincapié en que, si bien el contenido generado por IA puede impresionar a los no expertos, los críticos informados disciernen sutilezas que la IA puede no lograr articular.
Guillermo Marco, otro investigador de la UNED, añadió: “La IA es fácil de confundir a los no expertos”. Sus colaboradores experimentaron de primera mano cómo una pieza de IA bien diseñada podría parecer más atractiva para una audiencia no capacitada que una creación humana más arriesgada y profundamente resonante. Sin embargo, encontrar poemas clásicos que puedan obstaculizar el reconocimiento de los expertos plantea un desafío importante, un obstáculo que el equipo de Porter planea abordar en estudios futuros.
Otro fenómeno observado durante los estudios es el escepticismo general en torno al contenido generado por IA. Cuando los participantes supieron que un poema había sido creado por IA, a menudo lo calificaron de manera menos favorable. Porter especuló sobre esta resistencia cultural, sugiriendo que la aceptación de la IA en los campos creativos está muy lejos: «No estoy seguro de que la gente alguna vez acepte plenamente la poesía generada por la IA, o incluso el arte generado por la IA en general».
Los matices de esta investigación tocan temas más amplios de sociología y estética, ya que el estudio de Gonzalo y Marco destaca cómo las normas culturales moldean nuestra apreciación del arte. Se descubrió que incluso un modelo de lenguaje de IA de tamaño modesto cumplía con la mayoría de los criterios para lectores comunes, lo que demuestra que las máquinas pueden generar contenido atractivo sin exceder las capacidades de la tecnología contemporánea.
Marco afirmó sin rodeos que, si bien la IA puede ser una poderosa herramienta creativa, siempre reflejará las aportaciones humanas, de forma muy parecida a los dispositivos de sintonización automática de la música. «El arte se trata de comunicar la experiencia humana», afirmó. De cara al futuro, los investigadores también consideran la necesidad de medidas regulatorias que garanticen la transparencia en el contenido generado por IA. «Si los lectores valoran menos los textos generados por IA y no hay ninguna advertencia de que se está utilizando texto generado por IA, existe el riesgo de engañarlos», señaló Porter.
Crédito de la imagen destacada: Growtika/Unsplash