Imagínese despertarse por la mañana, tomar una taza de café y luego reproducir sus sueños de la noche anterior como si se tratara de una película. Parece algo sacado de una película de ciencia ficción, pero según algunos expertos, la tecnología que lo haga posible puede estar más cerca de lo que creemos. Dr. Peter Bentley, escribiendo para BBCScience Focus sugiere que la idea de una IA que grabe los sueños no es una cuestión de «si», sino de «cuándo». Y podría estar en lo cierto, ya que los últimos avances en imágenes cerebrales e IA parecen indicar que nos estamos acercando a este concepto que alguna vez fue inverosímil.
La ciencia detrás del registro de los sueños
Antes de sumergirnos en las posibilidades futuras, es importante comprender la ciencia actual que algún día podría hacer realidad el registro de los sueños. Un japonés de 2023 estudio de investigación El estudio ya ha sentado algunas bases. Los investigadores utilizaron escáneres de resonancia magnética funcional (fMRI) para registrar la actividad cerebral de los participantes dormidos. Pero hay un problema: el estudio no se centró en los sueños, sino en el inicio del sueño, las primeras etapas del sueño en las que las personas experimentan imágenes visuales, algo parecido a alucinaciones leves. Mediante el uso del aprendizaje automático, los científicos pudieron clasificar varios objetos percibidos, como una llave o una persona, en función de la actividad cerebral observada durante esta fase.
Sin embargo, no se trataba de sueños reales, sino de los primeros destellos de imágenes visuales que aparecen cuando nos quedamos dormidos. Los investigadores eligieron este enfoque por una razón práctica: los participantes podían despertarse inmediatamente y describir lo que veían, lo que facilitaba la asociación de la actividad cerebral con imágenes específicas. Si bien esto es innovador, todavía está muy lejos de registrar y reproducir sueños completos.
Para pasar de la captación de imágenes del inicio del sueño al registro completo del sueño, los investigadores necesitarían una enorme cantidad de datos detallados de fMRI de sujetos que sueñan. Aquí es donde las cosas se complican. Por un lado, los voluntarios de estos estudios tendrían que ser excepcionalmente buenos en recordar sus sueños con gran detalle, algo que no todo el mundo puede hacer. El recuerdo preciso de los sueños es crucial porque serviría como base para verificar las predicciones de la IA sobre lo que se soñó.
Aún más difícil es la cuestión de cómo recopilar estos datos de forma consistente y fiable. El Dr. Bentley reconoce que, si bien disponemos de grandes conjuntos de datos de la actividad cerebral mediante fMRI registrados mientras los participantes están despiertos (mirando vídeos, escuchando palabras habladas o leyendo textos), capturar datos similares durante el sueño REM, cuando los sueños son más vívidos, es mucho más difícil.

¿Es GenAI el eslabón perdido?
Supongamos, por un momento, que los investigadores logran recopilar los datos de resonancia magnética funcional necesarios de los participantes que sueñan. El siguiente paso sería utilizar estos datos para entrenar una IA capaz de traducir la actividad cerebral en una representación visual o textual del sueño. Aquí es donde la IA generativa podría entrar en juego. Los modelos generativos, como Sora de OpenAI y Lumiere de Google DeepMind, ya son expertos en la creación de secuencias de vídeo que imitan la naturaleza caótica y surrealista de los sueños.
En teoría, se podría introducir una descripción textual generada por una IA que grabe sueños en uno de estos modelos generativos para producir una secuencia de vídeo que refleje el contenido del sueño. Pero hay una salvedad importante: estas IA en realidad no están «leyendo» mentes, sino que están haciendo coincidir patrones de actividad cerebral con imágenes que han visto antes y luego uniendo esas imágenes para formar una narrativa coherente, aunque algo surrealista.
Como explica una de las fuentes, el vídeo final podría parecer “espeluznantemente onírico” y contener muchos elementos del sueño original, pero no será una réplica exacta. La IA generativa no sabría si su resultado refleja con precisión tu sueño; solo estaría reconstruyendo lo que cree que podrías haber visto, en función de la actividad cerebral que fue entrenada para interpretar.
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La idea de grabar y reproducir los sueños plantea una serie de cuestiones éticas. Para empezar, ¿cómo afectaría esta tecnología a la privacidad? Los sueños son experiencias intensamente personales, que a menudo reflejan nuestros miedos, deseos y recuerdos más profundos. La capacidad de grabarlos, especialmente si la tecnología se vuelve ampliamente disponible, podría llevar a situaciones en las que las personas se sientan presionadas a compartir o incluso manipular sus sueños.
Además, la precisión de esa tecnología estaría bajo constante escrutinio. Como se señaló anteriormente, estas IA no son lectores de mentes perfectos; son buscadores de patrones. Si bien pueden producir secuencias de sueños que resultan inquietantemente familiares, es poco probable que sean representaciones perfectamente precisas. Esto podría dar lugar a posibles malentendidos o malas interpretaciones, especialmente si las grabaciones de los sueños se utilizaran en contextos legales o psicológicos.
También está la cuestión de la viabilidad tecnológica. Si bien las máquinas de fMRI se han vuelto más avanzadas, aún son voluminosas y ruidosas, lo que hace difícil imaginar dormir durante una noche completa de exploración. Las máquinas de fMRI portátiles y silenciosas que podrían registrar la actividad cerebral sin perturbar el sueño serían un obstáculo importante que superar antes de que el registro de los sueños pudiera convertirse en una realidad.

El camino por delante
¿Y qué nos depara todo esto? El Dr. Bentley sugiere que, dado el rápido ritmo de la investigación y el desarrollo de la IA, no sería sorprendente saber que alguien, en algún lugar, ya está trabajando en una IA capaz de registrar los sueños. Sin embargo, también reconoce que es probable que esta tecnología aún esté a años, si no décadas, de tener una aplicación práctica.
Por ahora, la idea de reproducir nuestros sueños sigue siendo una mera especulación, pero a medida que la investigación sobre la actividad cerebral y la inteligencia artificial sigue evolucionando, lo que hoy parece ciencia ficción podría muy bien ser la realidad del mañana. Hasta entonces, nuestros sueños seguirán siendo nuestros: fugaces, misteriosos y no registrados.
Créditos de la imagen: Kerem Gülen/Middayney